Roger Vilarrasa Sañé, Oficial de herrador, de Seva, Catalunya.

En casa siempre hemos tenido caballos y asnos. A los 6 años empecé a montar y siempre he tenido una relación muy estrecha con estos animales.

Después de aprender las nociones básicas del herrado con diferentes herradores de la zona durante un par de años, tuve suerte de entrar en la ECAE (Escuela de Capacitación Agraria Ecuestre) como alumno. Un curso de tres años para obtener el título europeo de oficial de herrador de la EFFA (Federación Europea de Asociaciones de herradores).

Durante estos tres años estuve con diferentes herradores formándome, aún lo hago y lo continuaré haciendo asistiendo a congresos, charlas, concursos y encuentros en Europa y en el resto del mundo.

En esta faena el que diga que lo sabe todo... malo!

El objetivo es continuar aprendiendo para herrar cada vez mejor, que se refleje en el trabajo del día día y, en definitiva, en el caballo.

Recordad que sin pie no hay caballo!

Roger

Vilarrasa


Miembro de la “Associació de Ferradors de Catalunya”

con el título europeo de la E.F.F.A

(European Federation of Farriers Associations)

Desde la domesticación del caballo, hace aproximadamente 5.500 años, se descubrió que proteger los cascos comportaba una clara mejora en su rendimiento. Se comprobó en las travesías, en el trabajo al campo y en la guerra. De hecho, en la misma naturaleza, la probabilidad de escapar de los depredadores es mucho mayor en caballos con los cascos sanos y fuertes.

A lo largo de la historia, no solamente en la actualidad, los caballos han estado sometidos a esfuerzos excesivos por la propia naturaleza de los cascos. Por eso es necesario reforzarlos. Además, las nuevas razas creadas por el hombre tienen unos cascos mas frágiles, como es el caso del pura sangre inglés o el "Quarter horse", con paredes finas y cascos pequeños en proporción a su envergadura y peso.

A parte del herrado es muy importante hacer un control del caballo desde su nacimiento para detectar las diferentes patologías de aplomo que puedan aparecer y evitar en la mesura que se pueda problemas en el futuro.


Recientemente, se ha hecho un descubrimiento arqueológico de gran transcendencia que demuestra la antigüedad, un poco más alejada de la que se pensaba, de la domesticación del caballo. Según este estudio, parece ser que hace unos 5.500 años (3500 aC) el pueblo de la tribu Botai –entre la actual Federación Rusa y Kazakstán- pasaron de cazar caballos salvajes a domesticarlos.

Las primeras herraduras conocidas eran de Asia y consistían en unas botas hechas con piel y plantas. Más tarde, los Griegos y los Romanos inventaron la hipo sandalia, unas botas hechas de piel y metal para proteger mejor los cascos.

Las herraduras clavadas no aparecieron hasta la época de los Celtas y los Galos. Cuando los romanos al siglo VI aC concurrieron estos pueblos, ya herraban sus caballos desde hacia tiempo.

Al principio los clavos tenían la cabeza plana, en forma de “llave de violín”, al contrario de la forma actual con la cabeza cuadrada o rectangular.

Hacia el siglo X se generaliza a toda Europa la aplicación de la herradura clavada. No obstante, la técnica de herrar en caliente no se hace común hasta el siglo XVI.

Las técnicas actuales de los herradores datan del siglo XIX y han evolucionado poco desde entonces, al menos en sus principios.

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